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Mitos sobre la psicoterapia

Como hemos visto, hay numerosas ideas erróneas sobre la psicoterapia, que alejan de ella a mucha gente que podría beneficiarse de su ayuda. Detrás de muchos de estos hábitos y opiniones, están algunos de los mitos de los que hablo a continuación:

  1. “El psicólogo o la psicoterapia es para enfermos, para gente con problemas extremadamente graves, para locos o trastornados…”

Este mito parece en la actualidad bastante anacrónico, bastante superado, si bien, aún hay mucha gente que aún lo cree en una importante medida.

Derribar el mito:

El psicólogo o terapeuta es un experto (o al menos debería serlo) en emociones, salud emocional y dificultades vitales. Puede que los que más urgente necesiten atención sean las personas con importantes patologías, pero más allá de eso, puede mejorar sustancialmente la vida de todo aquél que quiera mejorarla, que quiera o crea importante aumentar su bienestar, su salud o sus relaciones…
Por otra parte:

    1. ¿acaso hay una clara barrera entre enfermos y sanos? ¿quién define esa barrera?

    2. ¿No conocemos personas con importantes problemas de ansiedad o con un carácter difícil? ¿son ellos enfermos o sanos?

    3. ¿No identificamos en nosotros mismos facetas y situaciones donde perdemos claramente los papeles, donde nos sentimos alienados, incómodos, como extraños a nosotros mismos?

En mi opinión, todos estamos en la misma línea de la salud mental, unos más adelante y otros más atrás, pero somos un compendio de salud y enfermedad, de luz y oscuridad.

 

  1. “La psicoterapia es cara y larga”

 

No es nada injustificado tener esta idea. En otras épocas o con determinados profesionales, esto era así (y aún, en cierta forma, lo sigue siendo). Pasar varios años analizando una y otra vez nuestra infancia, o determinados problemas, con escaso avance es bastante desalentador.

Derribar el mito:

Por fortuna, eso ya pasó a la historia en buena parte. Aunque sigue habiendo terapeutas y psicólogos que apuestan por largas terapias donde el avance es lento, existe actualmente una forma más rápida y dirigida a objetivos.
Esa es la forma de entender la terapia de muchos psicólogos en la actualidad, y desde luego, la mía también: buscar soluciones, aprender, trabajar en casa, e ir creciendo lo más rápido que se pueda.

No estaría mal, antes de empezar una terapia, que este punto quede claro. Además, no está mal hacer “la prueba del algodón” y ver si realmente nuestra vida y nuestros conflictos se evolucionan. Por supuesto hay que tener en cuenta que el cliente ha de ser protagonista del proceso y no verlo desde fuera, viendo los resultados como quien ve una operación. Además, el terapeuta ha de irle informando honestamente de los avances y dificultades en este progreso.

En cuanto a lo caro que es una terapia, remito al lector a leer la parte donde hablo de mi idea de una psicoterapia asequible, una terapia low-cost, donde, se proceda a practicar una terapia de la mayor eficacia con un precio razonable.

 

  1. "Todos los psicólogos son parecidos o iguales."

A veces se piensa que las diferencias entre un psicólogo y otro no son muy importantes, que ambos están licenciados y colegiados y, por tanto, su forma de practicar la terapia será parecida.

Derribar el mito:

Pero las diferencias entre psicólogos son esenciales. Podemos decir que, sea del campo que sea, no hay dos profesionales iguales, sean dos arquitectos, dos fontaneros o dos abogados. Ahora bien, en cuanto a los psicólogos la diferencia es aún más significativa e importante. Por una parte, está su orientación teórica: humanista, conductual, cognitiva, etc.
Pero, además, para ser un buen terapeuta no es suficiente con la formación académica (es imprescindible pero no suficiente). Un amplio conjunto de valores, actitudes y aprendizajes vitales son claves en el desarrollo de esta profesión. La terapia no es una simple técnica, es más bien un arte, un arte muy complejo, pues no hay nada más complejo que el ser humano.
Estas reflexiones son importantes a la hora de buscar un terapeuta; por una parte tener en cuenta su formación y por otro, estar atento a las sensaciones que nos produce estar con él y en las sesiones. Sobre todo, que veamos honestidad, transparencia y un sincero deseo de ayudarnos (que la sesión no sea una simple transacción comercial).

 

  1. Acudir a terapia es permitir a un extraño que “se meta en tus cosas”

 Hay quien cree que ir a terapia es sacar los trapos sucios para que los vea un extraño (que tal vez nos califique o vea lo torpes o “tarados” que estamos y lo poco que valemos).

Derribar el mito:

Bueno, un psicólogo no es un cura que te confiesa, creo que eso está claro.
Evidentemente, no es fácil acudir a un extraño a contarle tus penas, aunque sea menos duro en nuestra cultura mediterránea, abierta y extravertida, que en una cultura centroeuropea. Pero no es fácil, sobre todo para algunas personas.
El grado de apertura y de confianza será una cuestión que también se irá desarrollando en el proceso terapéutico. El terapeuta tendrá que tener una serie de actitudes y comportamientos que permitan que el cliente vaya confiando en que esa persona, en efecto, no sólo quiere, sino que también puede, ayudarle. En todo caso, el cliente debe decidir siempre cómo y cuándo, debe tener la última palabra y establecer los límites a su intimidad que crea necesarios o le hagan sentir cómodo.

Jose Bravo

Psicólogo colegiado (M-23477), Monitor de Yoga, Pilates y Chi Kung

 

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