Con Salud Integral

Mis principios terapéuticos, mi filosofía

Tengo cinco principios sobre los que me guío en mi labor terapéutica y que podemos resumir, para facilitar su recuerdo, como:

A E I O U

1. A de asequible:

Que el tratamiento psicoterapéutico sea asequible a todos es algo esencial. Este tratamiento, desde luego, no está destinando en exclusiva a aquellos sobrados de recursos. Al revés, muchas veces las personas con más dificultades internas y problemas emocionales/vitales suelen tener más complicado el terminar sus estudios, acceder a un buen empleo, y prosperar económicamente. Mi ideal, como terapeuta, es democratizar la terapia, pudiendo ser usada por todo aquél que desee mejorar y progresar personal, familiar, vital o socialmente. Me gustaría que la psicoterapia fuera una opción a considerar por cualquiera que considere oportuno empezar a mejorar.

Sería muy positivo a nivel particular, como individuos, y a nivel social, como comunidad, que la psicoterapia se fuera acercando al individuo común, y fuera siendo usada por más personas y para más situaciones. Tiene muchísimo que decir: tanto en la educación de nuestros hijos, como en las dificultades relaciones, como en los problemas psicosomáticos, como en el cuasi omnipresente estrés, como en el desarrollo personal, como en la felicidad, como en muchos otros ámbitos de la vida.
Mi ideal, por tanto, es ofrecer una terapia low cost, ahora que está tan en boga ese concepto: una terapia de primera eficacia con un coste asequible, quizás con menos alfombras persas y menos divanes de cuero, pero con tratamientos efectivos y eficaces que generen el conjunto de beneficios que la psicoterapia ha demostrado poder ofrecer.

2. E de eficacia:

Un tratamiento psicoterapéutico no puede ser de ninguna forma un “juego sin objetivo” o un “marear la perdiz”. El terapeuta ha de tener en cuenta la inversión en tiempo y dinero del cliente, pero, sobre todo, su esfuerzo de apertura y sus expectativas y deseos de cambio. La terapia, con el esfuerzo compartido por el cliente y el terapeuta, ha de ir cambiando cosas.

En este punto es precisa una aclaración importante: ¿qué es un tratamiento psicoterapéutico eficaz? Si vamos al dentista, por ejemplo, está más que claro. Nosotros vamos con un dolor de muelas, el dentista nos diagnostica una caries y nos empasta la muela. Nos elimina el dolor y listo. Llamamos eficacia en ese caso a que nos elimine el dolor y el problema que teníamos y podamos olvidarnos de ese terrible malestar. Es eficaz si lo logra, si logra que nos salgamos de la consulta habiendo olvidado nuestro dolor. ¿Es un tratamiento psicológico equivalente? Pues sí y no:

Sí, cuando tratamos problemas locales, que no comprometen toda la persona. Por ejemplo, una fobia especifica, pongamos que a las arañas. En ese caso, la eficacia está clara; será eficaz el tratamiento que nos haga temer menos a las arañas, que nos disminuya o elimine esa fobia. Otro ejemplo puede ser una persona que vaya a tratar un miedo a hablar en público. Se evalúa y se determina que su nivel de ajuste es muy bueno, excepto en este caso. En ese caso, también es un problema local, la eficacia será en la medida que consigamos reducir o eliminar esa ansiedad a hablar en público (tan extendida, por otra parte).
Ahora bien, en la mayoría de los casos no hablamos de dificultades locales y, digamos que, encapsuladas. Por ejemplo, puede que en el anterior ejemplo, al evaluar al cliente se viera que ese miedo a hablar en público es un miedo más, además de otras dificultades importantes como relacionarse o hablar ante personas no conocidas, lo que tendería más a una ansiedad social.
Otro caso común será una persona con problemas de carácter, de relación; con dificultades para establecer lazos sólidos y sanos con otras personas y con cierta tendencia a la tristeza. En este caso, la eficacia no consistirá en que esa persona, una vez “arreglada” sea una persona prosocial y siempre feliz y nunca más vuelva a estar triste. No volver a tener emociones negativas es lo que se llama en oriente iluminación o Nirvana, y excede bastante la misión y el poder de la terapia. Eficacia será, en este caso, profundizar, darse cuenta, reflexionar conjuntamente y aumentar el autoconocimiento. Eficacia sería salir del estancamiento o “stand-by” en el que están muchos clientes, y empezar a crecer, a aprender o desaprender lo preciso. Eso sería eficacia, y en ese sentido, mi forma de hacer psicoterapia no olvida ni un momento la necesidad de acercarse a los objetivos propuestos del modo más oportuno.

3. I de integral:

Integral que quiere decir dos cosas:

    1. por un lado integral en el enfoque terapéutico; hay numerosas escuelas y puntos de vista sobre la salud emocional y como recuperarla o fomentarla. En ocasiones, el terapeuta adscrito a una de estas visiones en concreto, plantea el caso exclusivamente según la idiosincrasia de su escuela, obviando la riqueza que pueden aportar muchos otros enfoques. En mi opinión, integrar todos los enfoques posibles y apreciar la forma de verlo que nos ofrecen, enriquece mucho la terapia y la hace más susceptible de ser eficaz.

    2. por otro lado, integral en cuanto que incluye al cliente como persona, no como  “ordenador estropeado”. Siempre se intenta comprender las causas y encontrar soluciones a esas causas, más que maquillar los síntomas, aunque es finalmente el cliente quien decide hasta qué grado de profundidad y de mejora quiere llegar.

4. O de (h)onestidad:

Absolutamente esencial en esa especial relación que es la relación terapéutica: solo intento ayudar a aquellos que sé que sinceramente puedo ayudar, dando la información oportuna y trabajando al ritmo que, finalmente decide el cliente. También él, como es natural, ha de tener la última palabra del cómo y hasta dónde. El psicólogo ha de ser, ante todo y sobre todo, honesto con el cliente, si no, la relación se resiente y, por consiguiente, todo el proceso terapéutico.

Ser honesto significa, en mi modo de ver:

  1. trabajar desde un sincero deseo de ayudar. Si por alguna causa este deseo no está presente, será mejor dejar la terapia.

  2. Ser transparente y hablar francamente de la situación y del avance

  3. Ser consecuente y extremadamente respetuoso con la apertura emocional del cliente y con su vulnerabilidad. Ser terapeuta es una gran responsabilidad y es preciso estar a la altura de las circunstancias.

  4. Por supuesto que el terapeuta ha de cobrar por su trabajo, pero, al ser una relación tan especial, no puede degenerar en una transacción comercial al uso (como por ejemplo, ir a comprar el periódico).

 

5. U de (h)umanismo

Mi visión de la terapia, aparte de intentar integrar todas la visiones y escuelas posibles, es sobre todo, humanista. Esto quiere decir:

  • Ver al ser humano, sobre todo, como un ser con enormes potencialidades por desarrollar

  • Entender al cliente como básica y potencialmente sano, con grandes recursos internos a su disposición

  • Comprender la terapia como un proceso de crecimiento desde el desajuste o la negatividad aprendida hasta nuevos y más adaptativos aprendizajes

  • Ver la autoestima como el pilar básico de toda la salud emocional y física

  • Reconocer el gran poder de las emociones y la necesidad de encauzarlas

  • Integrar la visión científica y los contrastados métodos occidentales con la visión contemplativa y madura de oriente, en un esfuerzo por encontrar lo mejor de ambas tradiciones y aprovecharlo terapéuticamente.

 

Jose Bravo

Psicólogo colegiado (M-23477), Monitor de Yoga, Pilates y Chi Kung

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