Con Salud Integral

Meditar

Meditar es trabajar con nuestra mente, con nuestra atención, con nuestro organismo como conjunto.

Meditar es atender a lo que no solemos atender, a lo que nos pasa desapercibido, a lo que parece no tener importancia alguna: la respiración, las reacciones de nuestro cuerpo, los bucles sobre los que giran una y otra vez nuestros pensamientos, algo así como lo que pasaba en aquella película “Atrapado en el tiempo”, siempre en el mismo sitio, si no físico, sí mental, tropezando con los mismos problemas, con los mismos bloqueos, con los mismos conflictos.bosques

Meditar es comprender que si lo que sucede es importante, mucho más importante es nuestra reacción a eso que ocurre, esos pensamientos, eso que nos decimos. Por ejemplo, ante una dificultad podemos pensar: “uff, esto es demasiado, jamás lo superaré” o en cambio: “uff, parece difícil, pero voy a hacer todo lo que pueda”. El primer pensamiento induce a las emociones negativas, que han evolucionado con nosotros con el propósito de evitar que actuemos: ataque o huida. El segundo nos induce resistencia, optimismo, vitalidad.

Meditar es relajarnos profundamente, a un nivel que raramente podemos alcanzar de otra forma. Además es acercarnos más a ese estado de calma interna, tan necesario hoy en día.

Meditar no es una panacea, es solo una herramienta, pero de un poder extraordinario. El ser humano y la vida es, ante todo y sobre todo, terriblemente complejo. Considerando esta complejidad, la meditación es un camino de mejoramiento, un oasis ante la hostilidad de la vida y de las complicadas situaciones en las que a veces nos encontramos.

Meditar es intentar no conformarse con una vida gris y mediocre, tropezando una y otra vez con nuestras mismas trampas, con nuestros mismos conflictos, con nuestras mismas amarguras; querer ir más allá.

Meditar es un gran regalo para los que nos rodean: hijos, padres, pareja, amigos. Es el mejor regalo que se puede hacer a los demás. ¿El mejor? Sí, el mejor. De lo demás acabarán aburriéndose; de recibir nuestra mejor parte y no nuestro miedo o rabia, nunca.

Meditar es multiplicar nuestro “darnos cuenta”, empezar a ser menos “marionetas” de nuestros traumas, de las relaciones tormentosas, de nuestras carencias o nuestros conflictos sempiternos.

Meditar es multiplicar nuestras emociones positivas: esa alegría de ser que teníamos de niños y que en algún momento se tornó en preocupación y miedo; esa vitalidad, ese fluir, o capacidad de fundirnos con lo que hacemos y disfrutar plenamente de ello.

Meditar es empezar a dominar esa caballo salvaje que es a veces nuestra mente; que a veces nos parece que nos arrastra hasta a ser extraños para nosotros mismos.

Meditar es echar luz sobre nuestra vida, abrir los cajones y sacar la ropa sucia para que se airee.

Meditar es acercarnos a despertar a nuestra realidad y a lo que nos rodea, renunciando a los sueños pueriles y las fantasías alienantes, volver a ser quien somos.

Meditar es todo eso y mucho más, y es tan accesible: ¿por qué no probarlo? ¿Qué podemos perder? Algo de conflicto y sufrimiento. Bueno, si te gusta sufrir, la meditación no es lo tuyo, desde luego.

 

Jose Bravo

Psicólogo colegiado (M-23477), Monitor de Yoga, Pilates y Chi Kung

 

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