Con Salud Integral

Meditación y felicidad

florPara la mayoría de las personas, su propia mente es un problema y un gran obstáculo para ser feliz y tener una mayor salud y calidad de vida. En psicología se ha llamado a este rasgo como neuroticismo. Consiste en la dificultad para estar en el momento presente, temiendo que algo negativo pueda suceder en cualquier instante o imaginando alguna de las infinitas posibilidades negativas de cualquier suceso, sea positivo o negativo.

Todos tenemos este rasgo en alguna medida. Podemos imaginar una barra en cuyos extremos estarían: en el más alto la persona con una salud emocional (y física, consecuentemente) muy negativa, puede tener el trastorno de personalidad ansiosa. En el otro extremo, es decir, sin neuroticismo, o con muy escaso neuroticismo, estaría una persona realizada, con una excepcional salud e inteligencia emocional.

Numerosos estudios apuntan al neuroticismo como un factor clave en la infelicidad; las personas con más neuroticismo son las personas más infelices, con más emociones negativas y menos positivas.

El neuroticismo en vivo

Ejemplo 1

Una chica joven sale de una entrevista de trabajo. Tiene muy buen perfil para el puesto y la entrevista ha transcurrido de una forma cordial y esperable. Sin embargo, la chica, al salir empieza un autodiálogo de este tipo:

“No sé, me parece que no me van a dar el puesto… ¡Y con la falta que me hace!... Creo que ha notado que estaba nerviosa… Uff, no sé qué hacer con estos nervios, ¡cada vez los controlo menos!... No sé quien va a contratarme viéndome como un flan.”

Como vemos, son razonamientos que se basan muy poco en la realidad, con cualidades catastrofistas y absolutistas, (nada, nunca, todo, madre mía), muy negativos y duros consigo misma. Si consideramos que de cada pensamiento se derivan numerosas reacciones físicas, hormonales, emocionales ¿cómo se sentirá esta chica? Y si este es un patrón suyo habitual ¿qué pasará con su salud emocional y física? ¿Será inmune a este constante bombardeo negativo?

Ejemplo 2

Un adolescente que se retrasa en su hora de llegada. Es muy posible que sus padres comiencen un autodiálogo del tipo:

“Ay, ¡dios mío! ¿Y si le ha pasado algo? ¡Con la de cosas que pasan todos los días! ¿Y por qué no llama? Este niño se está pasando, ¡como sea sólo despiste, se va a enterar!”

Cuando el chico llega, los padres están en un estado casi histérico y el conflicto está servido en bandeja. Puede que con este conflicto el chico no vuelva a venir tarde, o puede también que vea o se afirme la idea de que sus padres son personas poco equilibradas y perderá confianza en ellos. Desde luego, la relación sufrirá.

Como vemos, ese neuroticismo genera un enorme sufrimiento a la persona que lo tiene, pero también a todos que le rodean. Es muy usual en este nocivo diálogo utilizar frases que empiezan con el temible “Y si…” Las posibilidades que puede ofrecer nuestra imaginación son, por desgracia, infinitas, fomentado, además, por los reality show y programas de sucesos que tanto suelen gustar. “Cuánto sufrimiento por lo que nunca pasará”, como dice la frase.

Ejemplo 3

Veamos el último ejemplo: Un matrimonio están cenando. El hombre contesta con monosílabos a las preguntas de su mujer. Ésta empieza un autodiálogo interno particular:

“Y ¿qué le pasará ahora? ¿Es que siempre tengo que ser yo la que inicia comunicación? ¿Será que no me quiere? Sí, la verdad es que llevamos muchos años juntos. Y sé lo que suele pasar. ¿Estará con otra mujer? ¿¡Por qué narices no me contesta!?”

Quizás esa pareja tenga en realidad problemas, o quizá el hombre simplemente ha tenido un mal día, una fuerte discusión con alguien, o está de mal humor. Pero la mente desbocada prefiere su torturante y brutal historia.

¿Nos reconocemos en alguna medida en estos ejemplos? Pues, sería positivo que lo hiciéramos, ya que, como digo, todos tenemos este rasgo en nuestra personalidad. Lo podemos reconocer o no, pero no por no reconocerlo dejaremos de tenerlo.

Meditación y neuroticismo

Con la meditación comenzamos a desarrollar la capacidad de observarnos, de conocernos, sin ser arrastrados por esa enorme y poderosa corriente de pensamientos automáticos. Cuando empezamos a ser conscientes, a darnos cuenta de qué tipo de cogniciones y pensamientos automáticos tenemos, podemos comenzar a avanzar.
La mayoría estamos corriendo en nuestra rueda como un hamster gran parte del tiempo, dando una y otra vuelta a nuestros hábitos mentales, siendo “pensados por la mente” más que utilizarla para pensar.
Empezar a darse cuenta es empezar a desidentificarse de esas rutinas emocionales. Este es un paso imprescindible, pues, generalmente, estamos tan identificados con estos hábitos mentales que no nos damos cuenta de ellos. Cuando empezamos a conocerlos, también empezamos a controlarlos; empezamos a ser capaces de ver que somos más que nuestros repetitivos e incansables pensamientos y nuestros sesgos emocionales. Vamos siendo capaces de estar más en el aquí y en el ahora, algo que ensalzan por encima de cualquier cosa las disciplinas orientales, por ejemplo el zen, y escuelas terapéuticas, por ejemplo, la Gestalt. Empezamos el camino de dejar de cultivar lo peor de nosotros mismos, esos traumas y sesgos que nos arrastran desde nuestra infancia y de las experiencias negativas, haciéndonos caer, una y otra vez, una y otra vez, en los mismos errores y emociones negativas.

El bienestar físico y emocional de una persona que progresa en tener menos neuroticismo aumenta rápida y consistentemente. Además, es el mejor regalo que le podemos hacer a los que nos rodean; pareja, hijos, padres, amigos…
Pero no nos limitemos a creer o dejar de creer en todo esto. ¿Por qué no experimentarlo?

 

Jose Bravo

Psicólogo colegiado (M-23477), Monitor de Yoga, Pilates y Chi Kung

 

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